El tratamiento de este tema está basado en la línea de pensamiento que considera la empresa como una comunidad de personas que tiene una responsabilidad social, lo que determina que debe contribuir al bien común. Y, dentro de este contexto, una valoración del hombre profundamente humanista, de la que se deriva que el hombre es el centro de las relaciones sociales.Como consecuencia de ello, creemos que la ética debe de estar presente en toda la gestión de la empresa, pero al mismo tiempo que ética y negocios no son incompatibles.
En esta materia, desarrollar el concepto de ética es un primer paso, y el segundo es definir unos Códigos de Conducta. Dando por sentado que las empresas deben de actuar con ética, el reflejo de asumir este principio debe ser la posibilidad de crear unos Códigos de Conducta que recojan aquellas normas que rigen la actuación de la empresa.
Cuando se habla de Ética, al igual que cuando se habla de otros conceptos, como puede ser la calidad o la seguridad, es muy frecuente que las empresas declaren “nosotros actuamos de acuerdo con principios éticos” o “uno de los activos fundamentales de esta empresa es la ética”. La experiencia demuestra que en muchos casos estas formulaciones son meras declaraciones, y que no se establece una estrategia adecuada para llevar a cabo lo que hemos dado en llamar la “gestión con ética” o la “gestión de la ética”. Indudablemente si hay una simple declaración “aquí se asumen principios éticos”, y no se gestionan como se hace con los demás objetivos de la empresa, lo que se acaba produciendo son desviaciones éticas en las actuaciones de las empresas.
Para evitar esto, para conseguir esa gestión con ética es para lo que consideramos un instrumento adecuado los Códigos de Conducta Empresarial.
Un elemento de sospecha que, frecuentemente, cae sobre las empresas que poseen un Código de Conducta, que ponen de manifiesto ante la sociedad, es la utilización del mismo como un instrumento de imagen. Sin entrar a debatir este aspecto, lo que nos interesa es la ayuda que suponen para una actuación ética.
Un elemento de sospecha que, frecuentemente, cae sobre las empresas que poseen un Código de Conducta, que ponen de manifiesto ante la sociedad, es la utilización del mismo como un instrumento de imagen. Sin entrar a debatir este aspecto, lo que nos interesa es la ayuda que suponen para una actuación ética.
¿Cómo se materializa su utilidad? En primer lugar porque suponen la asunción de un compromiso por parte de la empresa; organizan el respeto a la ética; informan de los valores que la empresa está asumiendo, tanto a nivel interno como externo; ayudan a formar a las personas que se incorporan a la empresa y que tienen que asumir una nueva cultura, lo que siempre es más fácil si está escrita; ayudan a configurar la conducta de los empleados y tiene un efecto disuasorio sobre desviaciones que se podrían producir.
Un Código de Conducta no es un conjunto de prohibiciones, aunque lógicamente debe tenerlas, sino que debe tender a la promoción de valores positivos que deben estar adaptados a la singularidad de la empresa. Aunque existen valores de carácter universal, no se puede pedir la coincidencia de normas de actuación entre empresas de diverso ámbito y características dispares. Por otro lado, un Código de Conducta debe llevar anejas sanciones por su vulneración. De nada serviría dictar normas si su incumplimiento no es corregido, porque entonces se desprestigiaría el propio Código.
Otro aspecto positivo de los Códigos de Conducta es que contribuyen a la transparencia de la empresa, que es uno de los valores fundamentales para el buen funcionamiento de la empresa y para su actuación ética.
Los Códigos de Conducta generan confianza en la sociedad, y cuando esto se produce, la sociedad demanda más los servicios de esa empresa, porque piensa que es una empresa más seria. En este sentido los Códigos pueden resultar un elemento de marketing.
La empresa en nuestra sociedad es una institución importante, y lo que hace la empresa no puede pasar desapercibido en la sociedad. Cabe pensar que, aparte de la gestión empresarial, se puede conseguir cierta regeneración ética, cierto incremento de determinados valores. La empresa, como institución social, tiene una responsabilidad en su entorno, pero, indudablemente, para ser un ejemplo, o una referencia para la sociedad o para otras instituciones, tiene que hacerlo bien, y en esa línea los Códigos de Conducta Empresarial son un instrumento útil.
Un buen comportamiento ético redunda en bien de la empresa. En realidad, hay que afirmar que un buen comportamiento éticamente bueno, trae beneficios a la empresa buena en los dos sentidos de la palabra.
Sea por esta motivación egoísta de buscar por la vía de la ética el mayor beneficio empresarial, sea por el convencimiento de los empresarios de que están obligados a cumplir unas normas morales en una actividad capital en el mundo moderno, lo cierto es que últimamente se viene hablando con toda naturalidad de la ética de los negocios, de la ética empresarial, como una exigencia indubitada. Son muchas las empresas que se esfuerzan en confeccionar códigos éticos o pautas de normas éticas de conducta o lo que hemos denominado “Códigos de Conducta Empresarial”.
Debemos celebrar este movimiento que influirá, sin duda alguna, en la forma de actuación de las empresas y en la proyección de su actividad y de su influencia en la sociedad en que se desarrollan.
La excelencia de la empresa no se mide hoy sólo por su cifra de negocio o de beneficios. La idea de excelencia está asimilando un factor más: la contribución a conseguir la realización humana de sus hombres y a mejorar la calidad integral de vida de los hombres de la comunidad en que se encuentra inmersa.
Los códigos de conducta empresarial han tomado gran relevancia, en un momento en que las empresas exploran con mayor profundidad su responsabilidad social y el impacto de las acciones que tienen en los diferentes grupos de interés con quienes se vinculan, ya sean empleados, accionistas, entidades financieras o bien la comunidad en general.
Un código de conducta es una declaración expresa de las políticas, los valores o los principios en que se inspira el comportamiento de una empresa en lo que atañe al desarrollo de sus recursos humanos, a su gestión y a su interacción con los consumidores, clientes, proveedores y las comunidades en las que desarrolla su actividad, con lo cual se marcan las pautas de comportamiento y relación que se consideran mínimas para guardar congruencia con los planteamientos socialmente responsables de la organización.
Los códigos de conducta no sólo son un listado de comportamientos aceptables o no aceptables para la empresa, sino también pautas de conducta íntimamente relacionadas con su marco estratégico y sus valores, y que, por lo tanto, plantean a todo directivo el reto de alinear constantemente conducta con estrategia.
El tratamiento de este tema está basado en la línea de pensamiento que considera la empresa como una comunidad de personas que tiene una responsabilidad social, lo que determina que debe contribuir al bien común. Y, dentro de este contexto, una valoración del hombre profundamente humanista, de la que se deriva que el hombre es el centro de las relaciones sociales.
Como consecuencia de ello, creemos que la ética debe de estar presente en toda la gestión de la empresa, pero al mismo tiempo que ética y negocios no son incompatibles.
En esta materia, desarrollar el concepto de ética es un primer paso, y el segundo es definir unos Códigos de Conducta. Dando por sentado que las empresas deben de actuar con ética, el reflejo de asumir este principio debe ser la posibilidad de crear unos Códigos de Conducta que recojan aquellas normas que rigen la actuación de la empresa.
Cuando se habla de Ética, al igual que cuando se habla de otros conceptos, como puede ser la calidad o la seguridad, es muy frecuente que las empresas declaren “nosotros actuamos de acuerdo con principios éticos” o “uno de los activos fundamentales de esta empresa es la ética”. La experiencia demuestra que en muchos casos estas formulaciones son meras declaraciones, y que no se establece una estrategia adecuada para llevar a cabo lo que hemos dado en llamar la “gestión con ética” o la “gestión de la ética”. Indudablemente si hay una simple declaración “aquí se asumen principios éticos”, y no se gestionan como se hace con los demás objetivos de la empresa, lo que se acaba produciendo son desviaciones éticas en las actuaciones de las empresas.
Para evitar esto, para conseguir esa gestión con ética es para lo que consideramos un instrumento adecuado los Códigos de Conducta Empresarial.
Un elemento de sospecha que, frecuentemente, cae sobre las empresas que poseen un Código de Conducta, que ponen de manifiesto ante la sociedad, es la utilización del mismo como un instrumento de imagen. Sin entrar a debatir este aspecto, lo que nos interesa es la ayuda que suponen para una actuación ética.
¿Cómo se materializa su utilidad? En primer lugar porque suponen la asunción de un compromiso por parte de la empresa; organizan el respeto a la ética; informan de los valores que la empresa está asumiendo, tanto a nivel interno como externo; ayudan a formar a las personas que se incorporan a la empresa y que tienen que asumir una nueva cultura, lo que siempre es más fácil si está escrita; ayudan a configurar la conducta de los empleados y tiene un efecto disuasorio sobre desviaciones que se podrían producir.
Un Código de Conducta no es un conjunto de prohibiciones, aunque lógicamente debe tenerlas, sino que debe tender a la promoción de valores positivos que deben estar adaptados a la singularidad de la empresa. Aunque existen valores de carácter universal, no se puede pedir la coincidencia de normas de actuación entre empresas de diverso ámbito y características dispares. Por otro lado, un Código de Conducta debe llevar anejas sanciones por su vulneración. De nada serviría dictar normas si su incumplimiento no es corregido, porque entonces se desprestigiaría el propio Código.
Otro aspecto positivo de los Códigos de Conducta es que contribuyen a la transparencia de la empresa, que es uno de los valores fundamentales para el buen funcionamiento de la empresa y para su actuación ética.
Los Códigos de Conducta generan confianza en la sociedad, y cuando esto se produce, la sociedad demanda más los servicios de esa empresa, porque piensa que es una empresa más seria. En este sentido los Códigos pueden resultar un elemento de marketing.
La empresa en nuestra sociedad es una institución importante, y lo que hace la empresa no puede pasar desapercibido en la sociedad. Cabe pensar que, aparte de la gestión empresarial, se puede conseguir cierta regeneración ética, cierto incremento de determinados valores. La empresa, como institución social, tiene una responsabilidad en su entorno, pero, indudablemente, para ser un ejemplo, o una referencia para la sociedad o para otras instituciones, tiene que hacerlo bien, y en esa línea los Códigos de Conducta Empresarial son un instrumento útil.
Un buen comportamiento ético redunda en bien de la empresa. En realidad, hay que afirmar que un buen comportamiento éticamente bueno, trae beneficios a la empresa buena en los dos sentidos de la palabra.
Sea por esta motivación egoísta de buscar por la vía de la ética el mayor beneficio empresarial, sea por el convencimiento de los empresarios de que están obligados a cumplir unas normas morales en una actividad capital en el mundo moderno, lo cierto es que últimamente se viene hablando con toda naturalidad de la ética de los negocios, de la ética empresarial, como una exigencia indubitada. Son muchas las empresas que se esfuerzan en confeccionar códigos éticos o pautas de normas éticas de conducta o lo que hemos denominado “Códigos de Conducta Empresarial”.
Debemos celebrar este movimiento que influirá, sin duda alguna, en la forma de actuación de las empresas y en la proyección de su actividad y de su influencia en la sociedad en que se desarrollan.
La excelencia de la empresa no se mide hoy sólo por su cifra de negocio o de beneficios. La idea de excelencia está asimilando un factor más: la contribución a conseguir la realización humana de sus hombres y a mejorar la calidad integral de vida de los hombres de la comunidad en que se encuentra inmersa.
Los códigos de conducta empresarial han tomado gran relevancia, en un momento en que las empresas exploran con mayor profundidad su responsabilidad social y el impacto de las acciones que tienen en los diferentes grupos de interés con quienes se vinculan, ya sean empleados, accionistas, entidades financieras o bien la comunidad en general.
Un código de conducta es una declaración expresa de las políticas, los valores o los principios en que se inspira el comportamiento de una empresa en lo que atañe al desarrollo de sus recursos humanos, a su gestión y a su interacción con los consumidores, clientes, proveedores y las comunidades en las que desarrolla su actividad, con lo cual se marcan las pautas de comportamiento y relación que se consideran mínimas para guardar congruencia con los planteamientos socialmente responsables de la organización.
Los códigos de conducta no sólo son un listado de comportamientos aceptables o no aceptables para la empresa, sino también pautas de conducta íntimamente relacionadas con su marco estratégico y sus valores, y que, por lo tanto, plantean a todo directivo el reto de alinear constantemente conducta con estrategia.
Jesús Terrazas Abad
Profesor de ESESA




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